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Documento del mes especial del 19 de marzo de 2020: Las medidas aislacionistas en las pandemias sí sirven. Las rígidas normas adoptadas en los correos a pie y a caballo en Requena en la peste de 1647

 

De ésta, se sale.

Requena y comarca viven un periodo especial de medidas de aislamiento dado el estado de alarma decretado en toda España y prácticamente Europa por la pandemia del coronavirus. La historia sirve para informarnos de que hemos pasado muchas pandemias y epidemias (pestes, viruelas, cóleras, gripes) y que Requena poseía unos buenos sistemas de alerta e información que permitían la sistematicidad y racionalización en la adopción de medidas preventivas de aislamiento y cuarentenarias. Estas medidas, parecidas a las actuales, permitieron evitar algunas epidemias o desarrollarlas sin tanta severidad como en otras localidades.

La posición de Requena, periférica respecto a Castilla y separada de ella por el profundo tajo del Cabriel, y lo suficientemente alejada de Valencia con el escalón altitudinal de las Cabrillas, jugó a su favor a la hora de implementar medidas de prevención contra la peste y conseguir una mayor levedad en el impacto de ésta. La peste podía llegar desde Valencia y el área mediterránea o desde Castilla. Requena estaba alertada por ambas bandas, generalmente por medio de correo u órdenes dirigidas al corregidor. El propio Consejo de Castilla avisaba a Requena de la existencia de peste en Valencia y de la obligación de tomar precauciones en el puerto y aduana. Otras veces, era la propia Requena quien motu propio averiguaba la veracidad de las informaciones sobre el estado sanitario de la zona. No se cedía al rumor.

La peste mediterránea de 1647-1648 irrumpió con una gran virulencia en la ciudad de Valencia. El Concejo de Requena siguió con gran cautela y atención lo que estaba sucediendo en Valencia y empleó diferentes medios para averiguar la realidad de la situación y establecer las medidas adecuadas, ya que fue consciente de su función como frontera y barrera para que la peste no se introdujera en Castilla.

El cinturón sanitario que se establecía iba más allá del alfoz requenense, ya que había que vigilar los correos a pie y a caballo (estafeta) que eran necesarios para no interrumpir la comunicación de la Corte con los reinos, pero eran un peligro de contagio. El camino real de Madrid-Valencia era nuevamente una vía de comunicación principal en los antiguos sistemas de correos.

En la peste mediterránea, en octubre de 1647, Requena observaba como el Real Consejo de Castilla no había aún ordenado nada respecto a estafeta y correos y se acordó de motu propio que no entrara el correo y que el maestro de postas se llevara los caballos fuera del casco requenense. Asimismo, el mozo con la estafeta de Madrid a la ciudad de Valencia debía darla en Quart de Poblet, a una legua de Valencia, y desde allí conducirla una persona diferente. A la vuelta con la estafeta de Valencia, el mozo debía traer testimonio de que la había dejado en Quart en una hora determinada; en caso contrario, no se le dejaba pasar y las valijas debían quedar en el llamado Portal del Madrid, sin entrar en la Villa de Requena [1].

Con la peste en aumento en Valencia, ahora sí intervino el Consejo de Castilla constituyéndose en garante de la salud de la Corte y el monarca. Se decidió realizar un cordón sanitario que se extendiera hasta Arganda, Moya y Requena, puntos principales de acceso a la capital (Arquiola et al., 1976). Madrid, ante la persistencia de la peste en Valencia, además de medidas drásticas en relación con las guardas a establecer en las entradas a Castilla desde el reino valenciano, se extremaron hasta el máximo la cautelas y normas con respecto al correo a pie y estafeta. Así, por una comunicación de 24 de octubre de 1647 [2], se disponen por parte de Madrid las muy restrictivas normas con respecto al correo entre Valencia y Requena. El correo debía esperar fuera de los límites de la ciudad de Valencia. El que entrega el correo debía vestido de bocací [3]o tafetán [4], pero no de lana; al igual que debía ir vestido el correo a Requena. Las cartas debían ir en una bolsa o manga de bocací. Llegado a Requena el correo, lo debía recibir otra persona vestida de la misma guisa. Los pliegos debían hornearse en Requena durante seis u ocho horas con quema de romero, sabina, enebro, tomillo, espliego y otras aromáticas. Se introduce el correo ya horneado en otra bolsa de bocací. En Madrid se debía entregar las cartas a otra persona; eliminar y quemar cubiertas, cuerdas y papel infructuoso; echar las cartas en vinagre rosado y calentarlas en benjuí [5]y otras aromáticas, aparte de otras delicadas diligencias que demuestran el celo máximo puesto por la Corte en este asunto.

Transcripción del documento según Arquiola et al.:

Lo primero que el que sacare las cartas de la ciudad de Valencia, para traerlas a Requena, no se le permita que salga de los límites de la ciudad, sino que las entregue al correo que estará fuera para recibirlas sin haber entrado por entonces en la ciudad, y el que las sacare se advierta que salga vestido que no sea de lana, sino de algún bocací o tafetán; que el que recibiere las cartas afuera traiga también el mismo vestido y las cartas vengan en una bolsa o manga de bocací y éste se pueda traer hasta Requena, donde las recibirá otro fuera del lugar, prevenido con el mismo género de vestido, pero convendrá que antes en la misma Requena se entren los pliegos en un horno bien caliente, habiendo quemado en romero, sabina, enebro, tomillo, espliego u otras cosas aromáticas, y estarán en seis u ocho horas y se volverán a poner en otra diferentes mangas o bolsa de misma calidad, y parta con ellas a Madrid donde entregarán las cartas a quien toca, y allí se ha de hacer nueva diligencia de quitar las cubiertas y cuerdas que traen las cartas y quemarlas luego, y también el papel infructuoso y echarlas en vinagre rosado, que estén un rato y después sacarlas y enjugarlas en un enjugador que tenga hasta lumbre, poniendo en él menjuí .... y otras cosas aromáticas, con que se enjuguen,. y se ha de procurar que los pliegos sean todos de papel muy batido y que traigan el que sea menester no más, para la escritura, y las ataduras cubiertas sea lo menos que se pueda y los pliegos muy pequeños, aunque se hagan muchos.”

 

DE ÉSTA SE SALE.

 

Para saber más:

. ARQUIOLA, Elvira; PESET, José Luis; PESET, Mariano y LA PARRA, Santiago. “Madrid, villa y corte, ante la peste de Valencia de 1647-1648”. Estudis: Revista de Història Moderna, n. 5, 1976, p. 29-46.

. LATORRE ZACARÉS, Ignacio. “La peste en Requena durante los siglos XVI y XVII. Sistemas fronterizos de profilaxis y vigilancia”. Cuadernos de Geografía, 2018, n. 100, p. 149-171.

https://ojs.uv.es/index.php/CGUV/article/view/13042/12096

 

. LATORRE ZACARÉS, Ignacio. “Sistemas fronterizos de profilaxis y vigilancia contra la peste: el caso de Requena”. Oleana: Cuadernos de Cultura Comarcal, 2019, n. 34, p. 51-70.


[1] AMRQ, 3268. Acuerdo municipal de 19 de octubre de 1647.

[2] Archivo Municipal de Madrid, 1-144-12, transcrito en Arquiola et al., 1976.

[3] Bocací: Tela delgada de seda, muy tupida. Tela de hilo que podía ser de distintos colores, más gorda y basta que la holandilla.

[4] Tafetán: Tela de hilo que podía ser de distintos colores, más gorda y basta que la holandilla.

 

[5] Benjuí o menjuí:Bálsamo aromático que se obtiene por incisión en la corteza de un árbol del mismo género botánico que el que produce el estoraque en Malaca y en varias islas de la Sonda.

 

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