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Documento del mes de julio de 2020: 1834-1885, don Rafael Tortosa, un médico heroico frente a las pandemias

AMRQ. 2778, Libro de actas del Ayuntamiento de Requena de 1855, acuerdos de 21 y 28 de agosto.

La situación actual de pandemia por la COVID-19 ha puesto de manifiesto la importancia de poseer una estructura sanitaria suficiente para poder hacer frente a los terribles azotes de una enfermedad de rápido y colectivo contagio. Además, la ciudadanía ha reconocido la profesionalidad, dedicación y abnegación de todo el personal sanitario y cuidador que se está enfrentando con esta nueva epidemia del siglo XXI. Caso parecido ocurrió en el siglo XIX con las seis mortales invasiones de cólera que diezmaron a Requena y su comarca.

Los facultativos sanitarios tuvieron una muy meritoria actuación, con escasas excepciones, frente a las epidemias de cólera. Trabajaron sin descanso, pagando en numerosas ocasiones con su vida, como en el cólera de 1855 donde a escasos días de la invasión murieron cinco facultativos y enfermaron otros dos quedando sólo un médico hábil. La actitud de algunos de ellos fue calificada como heroica.

El liberalismo había conferido por medio de la Constitución de Cádiz de 1812 y las instrucciones posteriores una carga competencial significativa en materia sanitaria a los municipios. Las juntas municipales de sanidad (algunos años junto con la Junta de Beneficencia), eran las encargadas de aplicar con sus escasos medios las medidas sanitarias arbitradas desde los estratos médicos superiores.

El Real Decreto de 5 de abril de 1854 reguló por primera vez la asistencia médica de los pueblos y de los pobres, planteando la creación de partidos médicos, de cirujanos y farmacéuticos que debían garantizar los niveles mínimos de asistencia a los necesitados, implicando a los municipios en la contratación de facultativos. Requena estableció de acuerdo a su población dos distritos con un médico, un cirujano y un farmacéutico por cada uno. Posteriormente, la virulencia del cólera de 1855 aconsejó dividir el término en tres distritos. Los médicos titulares debían dividirse las familias pobres a visitar y a los pobres se les expedía las medicinas de forma gratuita a cargo del Ayuntamiento. En el Hospital de Caridad, sito en el convento de San Francisco de La Loma, se destinó una pieza especial para los enfermos coléricos pobres sin recursos con una enfermera a su cargo.

Mención especial ha de hacerse al médico don Rafael Tortosa, al que se le dedica el documento del mes, que ejerció en casi todos los cóleras habidos en Requena con una profesionalidad y dedicación más que encomiable.

Ya desde el primer cólera, 1834, don Rafael había acudido a Requena como médico a la primera invitación, cuando la ciudad había perdido a su médico titular. Se quedó ya en la ciudad y le tocó luchar contra las terribles pandemias de 1854 y 1855, cuando en Requena murieron 788 personas con un elevadísimo índice de mortalidad por habitante en torno al 8%.

Trágica fue la situación en 1855. A los pocos días de la invasión, habían fallecido un médico cirujano, el otro médico y hasta tres cirujanos sin haberles dado tiempo a servir públicamente. El médico cirujano Felipe Mislata y el médico Pascual Ripollés fueron inutilizados por la enfermedad desde los primeros días. Con lo cual se tuvo que rescatar al ya anciano médico Rafael Tortosa. El acta que relata sus méritos lo calificó directamente como “verdadero héroe en esta batalla” y “que de su serenidad, actividad y fortaleza se conocen pocos hombres en circunstancias”. A pesar de sufrir el doctor Tortosa una “crónica y penosa enfermedad de orina que en épocas normales le sirve de constante tormento”, el acta dice que “hizo completa abstracción de las consideraciones que á su familia y asimismo la debiera para su conservación y desde el primero hasta el último día de consternación y de apuro se le ha visto infatigable recorrer una y cien veces la población recetando a toda clase de enfermos”. Además de administrar su saber, se dedicó a levantar los ánimos de la población y evitar que cayeran “en pavoroso miedo que de la mayoría de las gentes se había apoderado”. Hubo días en que se  halló solo para acudir y visitar a la vasta población de Requena y lo hizo según el acta “a trueque de no recostarse siquiera para descansar un rato, como si se hallara en la primavera de su edad”. Finaliza el acta diciendo: “El señor Tortosa, en fin, ha sido un verdadero héroe en esta batalla en que ha probado a donde vayan las fuerzas humanas y de que el pueblo de Requena juntamente con el señor Mislata nunca podrá pagarles por muchos sacrificios y deferencias que en obsequio de uno y otro haga”. Fue propuesto para la Cruz de Caballeros de Carlos III.

D. Rafael siguió como médico atendiendo en el Hospital de La Loma y aún ejerció en el cólera de 1865 habilitándose veinte camas para enfermos invadidos y seguiría desarrollando su profesión como médico de los presos pobres. Finalmente, don Rafael Tortosa falleció el 9 de agosto de 1885 en la quinta invasión colérica de Requena. A su memoria y a la de todos el personal sanitario y cuidador que ha fallecido en acto de servicio en la actual pandemia va dedicado este documento del mes.

 

BIBLIOGRAFÍA:

LATORRE ZACARÉS, Ignacio. “El cólera en Requena. Una sociedad frente a la enfermedad”. Cuadernos de Geografía, 2014, n. 95-96, p. 201-226.

https://ojs.uv.es/index.php/CGUV/article/view/14192/13077

LATORRE ZACARÉS, Ignacio. “Requena en los tiempos del cólera: una sociedad frente a la enfermedad”. Oleana: Cuadernos de Cultura Comarcal, 2014, n. 28, p. 91-122. VI Congreso de Historia Comarcal (noviembre de 2013).

http://www.requena.es/sites/default/files/Departamentos/cultura/publicaciones/oleana/Oleana28/28_05requenayelcolera_ilatorre.pdf

  • Hospital de Requena durante la pandemia del COVID-19 (fotografía Roberto Poveda)
  • Hospital de Requena durante la pandemia del COVID-19 (fotografía Roberto Poveda)
  • L'Illustration Journel Universel (julio de 1885). La vacunación en España.
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